soy lo que he perdido

soy lo que he perdido.

esta noche lo sé mejor que nunca.

 

soy lo que he perdido

y no es como un lamento que lo digo

es una certeza que inunda de luz mi habitación.

 

soy lo que he perdido.

 

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borges: lo perdido

¿Dónde estará mi vida, la que pudo
haber sido y no fue, la venturosa
o la de triste horror, esa otra cosa
que pudo ser la espada o el escudo

y que no fue? ¿Dónde estará el perdido
antepasado persa o el noruego,
dónde el azar de no quedarme ciego,
dónde el ancla y el mar, dónde el olvido

de ser quien soy? ¿Dónde estará la pura
noche que al rudo labrador confía
el iletrado y laborioso día,

según lo quiere la literatura?
Pienso también en esa compañera
que me esperaba, y que tal vez me espera.

nota al margen xviii

eres la única persona a quien quisiera contarle  y no estás.

tu distancia, la lejanía, la vaguedad de un futuro que se estira haciéndose cada vez más impreciso: ya no me duelen todo el tiempo. he de admitir que me he acostumbrado a todo eso. lo acepto como parte de quien soy, de en quien me he convertido.

solía creer que el lenguaje lo contiene todo. que siempre hay una palabra. que todo se puede decir.

ya no estoy tan segura.

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Andrea Ucini

diario sin fechas x

 

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Photo by Kanghee Kim

no sé si de esto se trate la adultez (o sea tan sólo el cansancio) pero he aprendido a decir

soy feliz

así sin más. sin pretender que fuegos artificiales estallen gloriosamente a mi paso. sin tener una razón profunda y reveladora, o la certeza del futuro agarrada entre las manos. sin necesitar estar enamorada ni ser correspondida.

últimamente entreveo cierto balance entre tragedia, derrota, estrés y satisfacción, que me ha hecho ver el vaso medio lleno.

este día calurosísimo y tremendamente largo, puedo decir, con modestia, que soy feliz.

mañana veremos cómo amanece el mundo.

 

 

Compré un conejo en el mercado negro de animales,
lo hice porque me entristeció verlo en una jaula.
Pagué mucho por él.
Dicen que es un Polish, supongo que es la raza,
(aunque eso no me importa).
No sé nada sobre conejos, excepto que comen zanahorias
y según la Guía para el cuidado de conejos
también comen heno y verduras.

El conejo vive conmigo, los dos en un departamento.
Le asigné una habitacion con cinco ventanas.

Los martes salimos a caminar
y pensamos, cada quien en lo que puede.
Yo en números y en lo improbable,
Él, en más conejos.

A muchas personas les gusta el conejo a las brasas,
yo creo que son estúpidos
porque ignoran que los conejos también bailan
y pueden ser muchos.
Primero habrá cuatro,
luego ocho, dieciseis, treinta y dos, sesenta y cuatro
ciento veintiocho, doscientos cincuenta y seis, miles
de conejos que saltan y te rodean y se amontonan, te tapan y te asfixian.
En mis conversaciones el conejo oficia de metáfora o de símbolo.
Me gustan sus orejas peludas y me gusta la palabra conejo.

El otro día fuimos al bosque
y le gustó mas que su habitación.
Decidió quedarse ahí,
cerca de los cazadores
y  lejos de la comida gourmet con conejos.
Es que siempre se puede huir de los cazadores.

El conejo salta en un bosque lleno de conejos,
yo creo que está bien.
En mis conversaciones él oficia de metáfora o de símbolo.
Aunque  el bosque  será  siempre más grande
que los cazadores y los conejos.

Regresé a casa y pensaba que no siempre es posible
escapar de las balas o de la tristeza. Regresé a casa.

 

Eva Castañeda B.

Mayo

No importa tanto que hoy no estés conmigo
porque el aire, el mar, el sol y la lluvia,
el mundo todo, saben que tú existes,
o mejor, que ellos son para que existas;
que sería extraño que no fueras tú
la sorprendente meta de la Historia,
la milagrosa conclusión de todo;
de las bibliotecas y los eclipses,
de los ojos que se han demorado en el río,
en las rocas, en la espuma y en los peces,
de las palabras lentas del latín,
de las olas que han alcanzado una orilla,
de todas las partes y los progresos del alma,
de los ladridos y los llantos de los perros,
de las páginas felices de Shakespeare.
No importa tanto, pues, estar solo
porque yo sé, infinitamente,
que de acercar mi oído al pavimento
reconocería tus pasos y saludaría
por ti, otra vez, los trabajos de Dios,
de la Naturaleza y de los Hombres.