Ensoleillé

Yo sería una mujer de esas con pequeños pechos, el cabello corto, sin ningún maquillaje ni añadidura. Nos mudaríamos a alguna provincia en Francia e invertiríamos nuestros ahorros en un pequeño viñedo a orillas del despoblado. Solos tú y yo. Y tendríamos un par de caballos para recorrer el lugar, una casa modesta, antigua, impecable, madera y mucho blanco, mucha luz.
Cultivaríamos la vid, añejaríamos el vino, lo beberíamos a la hora de comer. Me buscarías al amanecer entre los viñedos, entre las sombras que huyen de los largos brazos del sol matutino, daríamos largos paseos en silencio, tus brazos alrededor de mi cintura.
Y tendríamos una habitación con un secrétaire y haríamos cartas en él, pero también poesía y el amor en su piso desnudo y cálido.
Yo tomaría lecciones de chelo en la habitación contigua y me verías practicar en algunas horas inoportunas, y nos amaríamos en silencio con esa felicidad que se explica sola.
Besarías mi cuello para recordarte a ti mismo, para contármelo a mi,quién eresquién soy, descubrirías una y otra vez cada lunar en mi, debajo de las camisas blancas de algodón, debajo de la piel misma. Le pondrías tu nombre al más bonito y luego lo volverías a encontrar, como si se te hubiese extraviado de repente.
Si volviera a nacer, volvería a buscarte, tal vez cometiese los mismos errores, probablemente serían otros, tal vez fuesen más; pero volvería a estar entre tus brazos con la sonrisa limpia y la mirada tranquila de saberme tuya y de nadie más.
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