Mis paredes, mi calma y mi vigilia

Mis paredes, mi calma y mi
vigilia: 
El recinto y el tiempo de estar en
mí, conmigo.
A salvo, finalmente. 
Completamente a salvo 
del dolor, la razón y el consuelo. 
Sin temblor, sin temor. 
Sin atender a nada. Sin aguardar
siquiera 
a que suceda algo. 
Obediente cautivo que enhebra
sus jazmines 
e insistente cifras, cada noche, 
que en su ábaco ordena las
estrellas, casi yo voy limando bayonetas y
heridas 
de rencores y lágrimas. 
Porque ya nada importa. 
Mientras tanto, las sirenas,
gimiendo, 
cruzan las avenidas, 
el ámbar parpadea en las
encrucijadas, 
y, en húmedas alcobas, la soledad
tantea, 
se desliza por el empapelado, 
y abarquilla sus bordes. 
Sacudo la tristeza que espolvorea
mis sábanas 
de rabia y alfileres. 
Precinto con silencio la derrota. 
No me rindo. No entrego: 
Simplemente, abandono.
Me oculto en el olvido como en
un hondo aljibe,
al margen de la estrella, el jazmín y
la lágrima.



Ana Rossetti

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s