Vaguedades

quería hablar de muchas cosas hoy

quería hablar, por ejemplo de lo bonitas que están las jacarandas afuera de la ventana; de que, quizá por eso me vestí toda de morado, como para saludarlas desde aquí.

quería hablar, no sé, de los muchachos que hablan algún dialecto autóctono en la cafetería, como a las seis de la tarde, cuando no hay nadie más que ellos y algún intruso (comiendo a deshoras algún sándwich) se desliza en esas conversaciones tan melódicas y extrañas. quería hablar de cómo, quedándome muy quieta, podía pasar desapercibida y así ellos empezaban a salir de su mutismo para hacerse bromas en no sé qué idioma que nadie más que ellos entiende ahí, que los aparta de nosotros, que les encierra como en un mundo propio y ajeno a todos los demás. quería hablar de lo mucho que me gusta ir y escucharlos como a las seis de la tarde, cuando no hay nadie más en la cafetería además de mi, comiendo algún sándwich porque olvidé comer antes.

creo que más bien quería hablar de mi hermano, de cómo pienso en él todo el tiempo, pero siempre hablo de él como con desdén y como si no me importara más. de los leones, de su nobleza y alegría, de las bromas que nos hacíamos de niños, de que no sabemos más de él y que no sé ni qué es lo que siento al respecto.

o creo que quería decir algo sobre esa sensación que se me atravesó ayer, al ver una película, de que me agobia terriblemente la imagen de aquellos que aman y sobreviven a la muerte de un ser querido. la certeza de que, quien ha muerto ya no sufre más, no siente más, no existe más, pero quienes le amaban cargan con ellos su muerte el resto de sus vidas. saber que no hay nada que se pueda hacer. reconocer que yo no he podido hablar de esa sensación con nadie y que, quizá por ello, no he sabido lidiar con el peso a través de los años. no sé. creo que quería decir algo al respecto, o no, ya no me acuerdo bien.

quería hablar sobre la perfección de un mundo confeccionado entre nosotros dos, con las palabras que hemos inventado, con cada código, cada nuevo significado de las cosas cotidianas, la simplicidad, la complicidad, la quietud perenne, la calma, la tibia felicidad de esa calma en mi vida, luego de tantos años de tormenta. ser lluvia suavecita y feliz. serla gracias a lo que somos juntos.

o más bien iba a hablar sobre la importancia de los perros, de su sonrisa y sus miradas a veces tan transparentes y otras tantas tan profundas y enigmáticas, como cargadas de significado.

la verdad ya no recuerdo nada de lo que iba a poner cuando abrí esta página en el explorador. lo cierto es que hay mucho en mi día a día, en cada minuto, en la vida misma. no es sólo quietud, es intensidad  y es un cúmulo de emociones que nos atraviesan, pero no por ello es drama ni éxtasis eufórico. es la vida. es un lunes. es la cotidianidad que no tiene nada de simplista sino que es descubrir todos los pliegues y las posibles dimensiones de un lunes a las dos de la tarde.

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