Oda # 17

Miguel Ángel, mi amigo:

hoy quisiera dedicarte estas líneas

para decirte,

sin prisas ni muinas,

que celebro alegremente

el habernos conocido.

·

Y para, a tu carácter rendirle justicia

te diría que brindemos

así:

sin malicia

antes de que me regrese, repentino,

el sano juicio.

·

Trataré de escribirte

(sin poderlo prometer)

coplas breves y jocosas,

profundas y jugosas,

palabras dispares

que acomoden unas dos o tres verdades

juguetonas y sinceras.

·

Podría decirte algo sobre

esas manos tuyas afiladas,

honestas y pausadas

con que garabateabas

en las clases tus apuntes.

Pero mucho me temo

que erraría

en descripciones barrocas

y tardías,

así que mejor hablemos de otras cosas.

·

¡Vaya que nos hemos divertido!

¡Vaya si a menudo en el trayecto

-a pesar de que lo niego,

me has pillado buenamente

y sorprendido!

·

Un buen día o más bien una tarde,

te apareces todo vuelto personaje,

te descubro longevo y sensato,

me ordenas el mundo,

compartes un dato;

el resto del tiempo

¡lozano muchacho!

·

Que, como todo un lord

o un caballero

callado y austero

me dejas pretender

caprichosa,

que llevo la pauta y

dar rienda suelta

a mi malcriado ego.

·

Uno no escribe pequeños

(o largos) poemas

sólo por miedos profundos,

amores fugaces

y agitadas penas;

·

ni se descubren

amigos tan francos

(simpáticos físicos

y matemáticos)

con quien quebrarse hecha trizas

y recomponerse hilando

bromas fugaces

vacías de cenizas.

·

Creo que al final

de esta ligera declamación

sin forma ni ritmo

ni mala intención,

sólo te digo

(pa’no hacerlo más largo)

que agradezco al azar

la dulce bonanza

de haberse dignado,

en un lance de dados,

hacernos amigos,

colegas

o algo.

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