Por supuesto que sí,

no podía ser diferente:

el día en que dejas

el impermeable olvidado

se cierne la tarde de diluvio.

 

Igual que con nuestros

corazones brownianos:

el momento en que

se revientan de amor

hacia el otro,

ese otro decide refugiarse

de la tormenta,

cerrar ventanas y puertas,

no gracias, mire usted

que por ahorita no,

que así estamos bien.

 

La vida es sueño,

escribieron.

Yo digo que la vida

es sorna

y es broma

y es lluvia inesperada.

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