día de muertos

mixquic-02

los muertos no regresan

los muertos ya no escuchan.

ni una noche al año

ni el día último del mundo.

los muertos no nos hablan

no nos sueñan

no nos guían.

los muertos viven sólo en nuestra necedad

(humana)

hablan sólo en lo recuerdos

guían sólo con su ejemplo.

los muertos, muertos están, pues.

y ni todas las velas encendidas

ni las flores del munto juntas

podrán traérnoslos de vuelta.

 

nota al margen xiv

[1] nunca había estado tan dividida como lo estoy ahora. caminar hacia adelante. de nuevo hacer una maleta pequeña y tomar un vuelo esperando que algo… esperando algo.

de verdad lo estoy intentando aquí y ahora.

al mismo tiempo me despido en cada instante, sin decirlo abiertamente.

***

[2] redactar números, reportar resultados, explicar  lo que el ojo no ve, hacerlo más claro, desviar a atención hacia lo importante. el talento que no tengo.

***

[3]  tanto tiempo preparé este encuentro, tanto tiempo pensé en el instante en que volveríamos a vernos.

y no quiero admitirlo, porque todos esos planes soñados se escaparían como pájaros de sus jaulas…

lo cierto es que no sé si sea la misma persona que cuando todo comenzó. no sé quién sea en realidad. ya no lo sé.

***

[4] sigues siendo aquello que busco como meta, como el hogar definitivo, como el destino prometido.

 

2014

gracias

por todo

Un año memorable sin duda, al cual agradecerle tanto: agradecer por los amigos, por la familia, por la cercanía, por el placer, la alegría, la intensidad, la determinación. Agradecer por todo lo que entendí, viví, sentí, aprendí e hice. Por ser la plataforma para todo lo que haré.

Bienvenido seas, dos mil quince.

diario sin fechas iv

esta tarde fría canto por centésima vez

una balada turca cuya melodía ya conozco de memoria,

canto como quien reza con innegable fe,

como quien estira la mano tratando de cruzar el atlántico enterito y pienso,

pienso en tu cansancio, en que esperas tu tren pasando la medianoche,

en que has escrito besitos en tu último mensaje, así, en mi idioma,

no en el tuyo, no en el crudo inglés que usamos para comunicarnos

ni la lengua que has adoptado en esa segunda patria tuya

sino en el mío…

pienso

canto

río

siento

escribo

The violence of joy

This morning I knew it

as I felt the joy of life itself striking my cheeks:

I’m not old neither a child.

·

I understood that line in a poem

as a peony 

is violence

while I walked this city I own,

this world that belongs to me.

·

It is my skin the recipient

of thousand suns and infinite snow,

home of endless paths,

endless  stories,

endless pleasure.

·

And my left hand is

like no other left hand

and my voice is intended to build

whatever melody I’m supposed to create.

·

I knew it then, as I felt the joy of life itself,

and the coldest wind,

and the warmest sun

hitting my cheeks altogether.

El rompecabezas de mis sentimientos hacia ti

Supongo que es la fiebre o quizá sea el hecho de que son las cinco de la mañana y siga dando vueltas, insomne, en mi lecho. Sí, debe ser eso (o quizá más bien sí sea la fiebre que me ha acosado desde el medio día). Como sea, pensaba en ti.

Más bien pensaba en cuánto te quería cuando te quise tan desesperadamente. Pensaba en lo feliz que era, en lo miserable que luego me sentí. Recuerdo bien mis sentimientos hacia ti (más bien los siento, como se siente el peso de alguien sentado al borde de la cama, presionando su volumen contra mi cuerpo insomne) y al hacerlo se me revelan como el rompecabezas de algo inacabado, las piezas diminutas de cartón de una imagen que no completo.

Debe ser la fiebre, sí.

Por ello quisiera decirte algo como que “te sigo pensando mucho más de lo que puedas imaginar” aunque no veo por qué habría de hacer algo semejante.

Recuerdo que hablaba de la punta de tus dedos y de mi eclipsado cuerpo y también de manantiales y promesas y todo lo demás. Pero hoy me senté en esas banquitas de piedra, ahí, en el teatro al aire libre, esperando a que hiciera efecto la última pastilla y me acordé de que la vergüenza es ira vuelta contra uno mismo; entonces pensé “quizá haya sido mejor así”.

Si tuviera las palabras que necesitas, te las llevaría hechas ramillete, como florecillas amarillas anudadas con un hilo.

Todas las palabras que ya no te di
The importance of Yellow

Me temo que se me han escapado mientras esperaba un no sé qué que jamás llegó.

Como sea, me temo que es la fiebre la que habla esta noche y no soy yo.

Bienvenidos a la UNAM

2014-11-16 11.27.16

No he podido dormir en toda la noche, así que vine a trabajar a mi oficina en la UNAM. Me dirigía a la universidad ayer cuando en la radio escuché del tiroteo: dentro de mi universidad, el lugar donde trabajo, donde paso la enorme mayoría de mi tiempo, mi universidad. Llevaba las libretas, una manzana y la clara intención de adelantar algo de trabajo pendiente.

Un estudiante herido, fotos por doquier en las redes sociales, las placas del agresor, su foto. Todo a una velocidad tan vertiginosa que mareaba. Detuvimos el auto, nos refugiamos en un restaurante un poco más al sur. La última mesa, frente a la ventana, por favor. Afuera los niños juegan con los abuelos en esa bizarra mañana de sábado. ¿Van a ordenar algo? Ni siquiera sé qué decirle a la mesera ¿Necesitan un minuto para decidir? ¿Café? Sí por favor ¿Americano o descafeinado? Los abuelos, los niños, el pequeño parquecito dentro del restaurante. Los comentarios, las especulaciones, la indignación, la democrática lluvia de opiniones expertas en twitter.

Unas horas antes, en casa, la rutina de ejercicio, los audífonos a todo volumen, vencer mi propia marca, cantar victoriosa y platicar por mensajitos de celular sobre el invierno nevado en otro lado del mundo.

Ahora, miraba con ojos vacíos a esos niños, a esos abuelos, la gente desayunando dichosamente tarde ese sábado. Juro que hasta el  sol se ocultó, sumiendo la tarde en una atmósfera sucia y gris. Fueron horas de plática, de tratar de desgranar el tema, de pedir explicación a quien pudiera darla. Pedir ayuda para entender lo que ocurría a la mujer más inteligente que conozco: mi madre. Ella sabía que necesitaba que me dijera “está ocurriendo esto y aquello”, las causas, efectos, escenarios posibles, actores principales, motivos ocultos (no tan ocultos para el ojo experto de quienes dedican su vida a leer esos guiones no escritos de la escena política nacional). No reparé en que quizá ella estaba tanto o más cansada que yo, porque su día a día consiste en luchar contra la desesperanza y seguir creyendo que se puede hacer algo. Lo cierto es que volví a ser la niña pequeña de mamá pidiéndole que le tranquilizara y le dijera que todo está bien, que todo estará o por lo menos que le explicara qué estaba ocurriendo.

Es un acto de fé, le dije. Es un acto de fé no tener evidencias de que algo esté mejorando, de que el incalculable cansancio de quienes, como ella, entregan las veinticuatro horas de su día para tratar de poner orden en medio del caos esté surtiendo algún efecto y, sin embargo, creer que se debe poder hacer algo. Es un acto de fé sentir que yo debería poder hacer algo.

Luego de descargar la confusión, la sorpresa, tratar de desmenuzar el tema por horas, tratar de seguir el plan del día: comprar un sofá cama. Elegir el tapiz, el color de la madera, los cojines. Pretender una normalidad necesaria.

El tráfico espantoso, volver a casa, Insurgentes imposible, granaderos por doquier, un auto incendiado más adelante, encapuchados iracundos.

De verdad ya no entiendo nada / I really don’t know what’s happening in my city country, my friend.