contradicción

La misma vida que nos quita, también nos da. La vida que nos hace frágiles, también nos hace fuertes. La vida es un “tira y afloja”, la vida es contradicción y precisamente a base de contradicciones y de luchas es como fluimos.

Frida Kahlo 

 

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Bienvenidos a la UNAM

2014-11-16 11.27.16

No he podido dormir en toda la noche, así que vine a trabajar a mi oficina en la UNAM. Me dirigía a la universidad ayer cuando en la radio escuché del tiroteo: dentro de mi universidad, el lugar donde trabajo, donde paso la enorme mayoría de mi tiempo, mi universidad. Llevaba las libretas, una manzana y la clara intención de adelantar algo de trabajo pendiente.

Un estudiante herido, fotos por doquier en las redes sociales, las placas del agresor, su foto. Todo a una velocidad tan vertiginosa que mareaba. Detuvimos el auto, nos refugiamos en un restaurante un poco más al sur. La última mesa, frente a la ventana, por favor. Afuera los niños juegan con los abuelos en esa bizarra mañana de sábado. ¿Van a ordenar algo? Ni siquiera sé qué decirle a la mesera ¿Necesitan un minuto para decidir? ¿Café? Sí por favor ¿Americano o descafeinado? Los abuelos, los niños, el pequeño parquecito dentro del restaurante. Los comentarios, las especulaciones, la indignación, la democrática lluvia de opiniones expertas en twitter.

Unas horas antes, en casa, la rutina de ejercicio, los audífonos a todo volumen, vencer mi propia marca, cantar victoriosa y platicar por mensajitos de celular sobre el invierno nevado en otro lado del mundo.

Ahora, miraba con ojos vacíos a esos niños, a esos abuelos, la gente desayunando dichosamente tarde ese sábado. Juro que hasta el  sol se ocultó, sumiendo la tarde en una atmósfera sucia y gris. Fueron horas de plática, de tratar de desgranar el tema, de pedir explicación a quien pudiera darla. Pedir ayuda para entender lo que ocurría a la mujer más inteligente que conozco: mi madre. Ella sabía que necesitaba que me dijera “está ocurriendo esto y aquello”, las causas, efectos, escenarios posibles, actores principales, motivos ocultos (no tan ocultos para el ojo experto de quienes dedican su vida a leer esos guiones no escritos de la escena política nacional). No reparé en que quizá ella estaba tanto o más cansada que yo, porque su día a día consiste en luchar contra la desesperanza y seguir creyendo que se puede hacer algo. Lo cierto es que volví a ser la niña pequeña de mamá pidiéndole que le tranquilizara y le dijera que todo está bien, que todo estará o por lo menos que le explicara qué estaba ocurriendo.

Es un acto de fé, le dije. Es un acto de fé no tener evidencias de que algo esté mejorando, de que el incalculable cansancio de quienes, como ella, entregan las veinticuatro horas de su día para tratar de poner orden en medio del caos esté surtiendo algún efecto y, sin embargo, creer que se debe poder hacer algo. Es un acto de fé sentir que yo debería poder hacer algo.

Luego de descargar la confusión, la sorpresa, tratar de desmenuzar el tema por horas, tratar de seguir el plan del día: comprar un sofá cama. Elegir el tapiz, el color de la madera, los cojines. Pretender una normalidad necesaria.

El tráfico espantoso, volver a casa, Insurgentes imposible, granaderos por doquier, un auto incendiado más adelante, encapuchados iracundos.

De verdad ya no entiendo nada / I really don’t know what’s happening in my city country, my friend.