Auf Wiedersehen

[1] hay despedidas que se cuelan poco a poco entre las grietas, que trepan como enredaderas hasta asfixiar toda luz con el maligno verdor de la hiedra.

despedidas echadas a los pies como sombras latentes que nos miran.

otra vez, la inmensa ola se aproxima y me arrastra al lugar de los finales y los comienzos. he de volver por la noche al departamento vacío, a lavar los trastes del desayuno apresurado, a mirar el lugar donde solía estar colgado tu impermeable, a limpiar todo rastro del adiós y de la ausencia.

[2] la trajiste contigo, la invitaste a dormir en mi casa, desayuno para dos que realmente era para tres, cruzar la ciudad buscando vestidos para ella. comprar el más bonito.

[3] hubiera cruzado el mundo entero para verte, para hallarte, para decirte lo que ya sabes. ahora las promesas guardadas por más de dos años se disolverán en mi interior, cediendo paso a su espléndida ponzoña.

…No me pudras.
Guarda mis incisivos en una caja de plata
pero no te arrodilles ante sus resplandores.
No me reces…

 

[4] esta despedida se alojó  en mis entrañas y el peso de su metálico sabor es lo único que me queda de tu presencia inalcanzable.

 

 

diario sin fechas viii

[1] ojalá hubiera puesto más atención cuando nos conocimos

 

[2] hoy se trata de volver a empezar. algo. lo que sea. sólo recomenzar, como hábito de primavera, por simple instinto.

 

[3] olvidé ponerle agua a las plantas porque  traigo demasiados fragmentos de recuerdos entre manos. pedacitos de historias, ganas de algo (¿de volver? ¿concluir?), y una despedida que se va extendiendo más allá de lo debido.

 

 

diario sin fechas vii

el llanto es un río que empieza quedito en los dedos de los pies, un río delgado y quieto que se va revolviendo al subir por mis piernas, toma fuerza en mi estómago. un río agitado en mi pecho.

movimiento.

eso: el llanto es el caudal de un río imposible de detener.

hoy podría llorar un poquito, así, nomás en silencio. hoy podría detenerme. hoy podría ser diminuta y encorvada, la sustancia más frágil del mundo. hoy sobra luz y falta sonido. hoy las palabras son castillos de arena arrastrados mar adentro.

keep on going

hoy ni siquiera existe como tal.

day after day

hoy no hay tiempo de nada. ni siquiera de poner fechas en el calendario.

Miguel Hernández: La boca

Boca que arrastra mi boca.
Boca que me has arrastrado:
boca que vienes de lejos
a iluminarme de rayos.
Alba que das a mis noches
un resplandor rojo y blanco.
Boca poblada de bocas:
pájaro lleno de pájaros.

Canción que vuelve las alas
hacia arriba y hacia abajo.
Muerte reducida a besos,
a sed de morir despacio,
das a la grama sangrante
dos tremendos aletazos.
El labio de arriba el cielo
y la tierra el otro labio.

Beso que rueda en la sombra:
beso que viene rodando
desde el primer cementerio
hasta los últimos astros.
Astros que tiene tu boca
enmudecido y cerrado,
hasta que un roce celeste
hace que vibren sus párpados.

Beso que va a un porvenir
de muchachas y muchachos,
que no dejarán desiertos
ni las calles ni los campos.
¡Cuánta boca ya enterrada,
sin boca, desenterramos!

Bebo en tu boca por ellos,
brindo en tu boca por tantos
que cayeron sobre el vino
de los amorosos vasos.
Hoy son recuerdos, recuerdos,
besos distantes y amargos.

Hundo en tu boca mi vida,
oigo rumores de espacios,
y el infinito parece
que sobre mí se ha volcado.

He de volver a besarte,
he de volver. Hundo, caigo,
mientras descienden los siglos
hacia los hondos barrancos
como una febril nevada
de besos enamorados.

Boca que desenterraste
el amanecer más claro
con tu lengua. Tres palabras,
tres fuegos has heredado:
vida, muerte, amor. Ahí quedan
escritos sobre tus labios.

(M. Hernández. El hombre y su poesía. 6a. ed. Ed. Juan Cano Ballesta. Madrid: Cátedra, 1983)

Solitude

In the Dark

Laugh, and the world laughs with you;
Weep, and you weep alone.
For the sad old earth must borrow its mirth,
But has trouble enough of its own.
Sing, and the hills will answer;
Sigh, it is lost on the air.
The echoes bound to a joyful sound,
But shrink from voicing care.

Rejoice, and men will seek you;
Grieve, and they turn and go.
They want full measure of all your pleasure,
But they do not need your woe.
Be glad, and your friends are many;
Be sad, and you lose them all.
There are none to decline your nectared wine,
But alone you must drink life’s gall.

Feast, and your halls are crowded;
Fast, and the world goes by.
Succeed and give, and it helps you live,
But no man can help you die.
There is room in the halls of pleasure
For a long and lordly train,

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E . O.

Como animalito a su madriguera: así vengo a este espacio en blanco. Vengo a admitir mi cansancio, mi desgaste, el metálico estrés punzante que he traído entre manos desde hace un par de días. Vengo como quien le pide al mundo “dame cinco minutos nomás, por favor” y encuentra que se vale decir: estoy cansada.

Estar frente a la inacabable página en blanco me hace pensar en lo artificial de mi estrés, de mi cansancio, en lo inútil de mis batallas diarias. No sé cuáles sean las preocupaciones de otras personas, aquello que les quite el sueño pero imagino que sí son preocupaciones de verdad, que sí se justifican.

Pienso en las batallas de aquellos que salen día a día a llevar el sustento a sus familias, o incluso en quienes tienen que hacer frente al país fragmentado en que habitamos, en quienes enfrentan el horror de lo que no sale en los encabezados de los noticieros: entender que la barbarie de nuestros compatriotas mutilando a otros compatriotas ya no tiene límites y tratar de hacer algo al respecto.

Pienso en qué tan válido es estresarse porque unos números en la computadora no salen como yo quisiera. Y pienso en la posición tan privilegiada en que me ha puesto la vida. Mi más grande preocupación, hoy, viernes veintiocho de noviembre del dos mil catorce es que un número en la pantalla no dé el valor que yo quisiera que dé. Bebo más café, enciendo el cuarto cigarrillo del día, le digo a los amigos que no puedo platicar por ahora y sigo encerrada tratando de entender por qué la rayita que grafico va pa’rriba en lugar de para abajo.

Allá afuera, el mundo se está poniendo más frío y más feo.

No sé qué clase de persona me hace saberlo y no salir a marchar, codo con codo con quien defienda una causa justa, a preguntarle a la gente si le puedo ayudar en algo, si no me desvelo tan a menudo preguntándome hacia dónde va este país y sí lo hago preguntándome por el cálculo de algo llamado energía oscura que se supone que anda por ahí en el universo.

No lo sé.

Sólo sé que hay cierta felicidad malsana escondida en decir: son las diez y media de la noche y tengo los ojos hinchados de cansancio por tratar de hallar un numerito que debe valer algo sin importar si afuera siguen apareciendo fosas, si hallan a los muchachos desaparecidos, si el precio del dólar aumenta o no. Tiene que valer algo y quiero hallarlo aunque me cueste la enésima noche de desvelo injustificado.

Como sea, he venido nomás a decir que sí estoy cansada, que esta noche recuerdo lo que se siente la metálica punzada del estrés en las palmas de las manos, manos que se crispan, párpados que se hinchan, palabras que se escapan, noches que se enfrían y se alargan… y ni así pierdo este esbozo de sonrisa que le quita todo el peso al mundo.