diario sin fechas iv

esta tarde fría canto por centésima vez

una balada turca cuya melodía ya conozco de memoria,

canto como quien reza con innegable fe,

como quien estira la mano tratando de cruzar el atlántico enterito y pienso,

pienso en tu cansancio, en que esperas tu tren pasando la medianoche,

en que has escrito besitos en tu último mensaje, así, en mi idioma,

no en el tuyo, no en el crudo inglés que usamos para comunicarnos

ni la lengua que has adoptado en esa segunda patria tuya

sino en el mío…

pienso

canto

río

siento

escribo

yo no sé mañana

yo no sé mañana

pero hoy,

hoy

la vida es

río resucitado,

alegría que hermana,

pacífica estepa,

milagrosa celebración

·

yo no sé tú

pero las carreteras,

los caminos

del mundo,

tienen el tamaño

justo

para que quepan

mis pasos

(que todo lo quieren medir

todo lo quieren tocar

todo lo quieren sentir)

·

yo no sé dios

pero la

curvatura

en mi espalda

es altar y es artificio,

herejía

y luminoso  festejo

al invierno

que se viene

·

yo no sé mañana

pero hoy

la vida es regocijo

y luz de sol

y canciones festivas:

antiguas y nuevas,

extranjeras y propias,

que nos bañan

de significado

aún cuando

éste

no exista nunca más.

Ausland


Screenshot - 11122014 - 05:14:02 PM

El noticiero te dice que vivo en un país con un estado fallido. Usan las palabras guerra civil, Afghanistán, narcotráfico, ingobernabilidad. Me envías un mensaje para pedirme que me cuide, que mejor trabaje desde casa. You can call me / Thank you, guapo, I promise I’ll be careful. Pero lo cierto es que veo por la ventana y este país se ve tan normal como siempre. Si no abro la página de noticias, ni me entero del metrobús quemado, de la última fosa excavada, de si sí son los desaparecidos o esos huesos eran de otros (¿podríamos sentir alivio al descubrir que no son de los normalistas, al descubrir que los muertos son infinitos, que nos ahogamos en osamentas anónimas?). En la tele, en casa, no hay noticias nunca: sólo la uso para poner música en el DVD que previamente guardo en una memoria. Música alegre, música para cantar a todo volumen y bailar en la estancia, al cocinar, al decidir qué ponerme al día siguiente, al lavar los trastes. Música feliz para estar alegre. Y tanta alegría, la que me acompaña desde que abro los ojos, aún en pijama, calientita y enroscada entre las cobijas, hasta el instante  en que escribo la última línea (de código, de ecuaciones, de versos que nadie habrá de leer jamás) y cierro los ojos dispuesta a soñar, esa alegría me hace preguntarme si es justa, si la merezco: ¿Cómo se puede ser tan feliz, bailar entre tristezas ajenas, entre osamentas, problemas familiares, amores perdidos, caos, soledad y penas? ¿Acaso no es burlarse, o por lo menos algo de muy mal gusto andar por ahí danzando y sonriendo, disfrutando el sol, el frío, la posibilidad de un futuro nevado y exótico?

De ser así, le ofrezco una sincera disculpa a la Muerte, a la muerte propia, a la ajena, a la que se cierne inmisericorde en mi país y en el destino de todos. Le ofrezco una disculpa a la Tristeza, porque la tengo muy abandonada. Una disculpa al Invierno, porque no entiendo sus funestas intenciones (ni me importan). Te pido una disculpa a ti, por tener que leerme tan abiertamente alegre en las mañanas. Una disculpa al cansancio de mi madre, porque carga el mundo más horrible en sus hombros y no puede hablar de ello nunca. Una disculpa a la familia cuya vida me es ajena, a los amigos que he dejado en el camino, y a los que frecuento: perdón por forzarlos a presenciar el espectáculo de mi inconciencia (peor aún, a escucharme cantar en la oficina, a leer mis mensajes en la red, los correos con poemas que reenvío). Le ofrezco una disculpa a la Soledad, a la Nostalgia. Perdón, corazón mío, tan roto y tan maltrecho, por bailar en la oficina, en mi cuarto, sobre tus pedacitos (aún palpitantes) esparcidos en libretas y diarios, agendas, poemarios y montones de versos que nunca concluí. Perdón, poemas que jamás terminé por condenarlos a nunca ser algo completo: mutilados, invalidos, incompletos, feos y ya casi sin sentido.

Perdona, Vida, por mi ligereza. Porque sí veo a mi alrededor, sí me doy cuenta: sólo que no me importa.

“El corazón está hecho para romperse”

Una vez, otra, mil veces, otras mil. Yo seguiré a pesar de la derrota, pero no con cinismo y decepción, sino con la ligereza de quien tiene el corazón tejido, bordado, hilvanado, deshilado.

“la felicidad nunca dura

pero durará lo necesario”

Y mientras mi felicidad dure (este regocijo autónomo, este festival luminoso e injustificado, este milagroso combustible), mientras eso sea, yo seguiré cantando.

hoy te prometo

ser feliz

y sonreír

así, sin más

al caminar por el congestionado

periférico

y abordar el autobús

más obsoleto del

mundo

ser feliz

al avanzar entre

gente que se amontona

se balancea

se desespera

lucen cansados

con prisa

y cantar

y que no importe que

me escuchen

y bailar cuando paseo

al perro

y que no importe

que me vean

y sonreír

y recomenzar día a día

el sagrado

ritual

de ser feliz

Tag der Toten

aún no descifro
el lenguaje en que
estás tejido
se me cofunden las
diéresis turcas
con el hipnótico árabe
en que recitan
el corán
y  la fonética alemana
se alza
como un muro
cuando te escucho
·
·
y
sin  embargo
·
·
me preguntas
por el día de muertos
·
quieres saber
·
te cuento la leyenda
de la mujer dormida
te comparto mixquic
y sus luminosos senderos
esperando llenarse de
muertos
     de almas
         de recuerdos
·
·

me compartes

el tandir en que
tu madre prepara el pan
y tu peregrinación
celebrando  Eid ul-Fitr
a tus primos todos
(a más de treinta
les has llevado regalos)
la foto en que apareces
luego de pintar tu flat
tu trabajo del día a día
los dieciséis kilómetros
de Berlín hacia Potsdam
y la felicidad de tu madre
en esa foto
fumando un habano cohiba
·
·

dices que

nos parecemos mucho
·
y yo
·
que
no sé qué significa eso