nunca

pienso en ti

pero no recuerdo tu aroma

porque nunca hundí mi cara

en tu pecho.

 

recuerdo tu sonrisa,

el camino hasta tu casa:

schöneberg,

caminar hasta la esquina y

doblar en feurstrasse 34,

junto a esa cantina

que parecía molestarte

aquella noche.

 

recuerdo tu cocina,

sentarme en tu mesa,

junto a la ventana,

desayunar contigo…

 

recuerdo caminar por berlín

a tu lado

 

recuerdo a tus amigos,

tu calle,

tu oficina

tu librero

 

pero no recuerdo tu aroma

por más que lo intento,

por mucho que quisiera

 

porque, la verdad,

la única verdad,

 

es que nunca hundí mi rostro en tu pecho

ni tomé tu brazo caminando sin rumbo

por ninguna ciudad

pequeña y empedrada

 

nunca hundí mi rostro en tu pecho

nunca apoyé mi frente en tu cuello

ni acaricié tu cabello mientras dormías

o susurré una canción suave,

en mi idioma, a tu oído…

 

quizá por eso sigo triste

{la tristeza de lo que nunca fue}

 

tiempo: quisiera volver el tiempo, volver a aquél otro tiempo de las fotografías, ese que ya no transcurre más, que se estancó en la memoria congelada de un rascacielos cubierto de nieve, caminatas en el zoológico, niños patinando sobre el hielo. el tiempo que quedó (caóticamente) atrás, cuando un hilo delgadísimo y plateado nos unía a través de océanos y valles. el tiempo que fue. el tiempo de todo aquello que pudo haber sido, de lo que iba a ser, lo que sería cuando por fin llegara el momento (terminara la espera). como quien vuelve las páginas de un libro para releer un trozo de la historia cuando el panorama pintaba mejor, cuando aún no sabía lo que vendría y todos los personajes eran más felices. quisiera volver a ese otro tiempo inundado de azul y de  mar en una isla griega, cuando había tanto por lo que brindar, tanto que beber, que decir, que volver a empezar: y esta vez poner atención. si pudiera, volvería al tiempo en que eras una sombra alta y educada que me obsequiaba una flor, a aquella tarde de verano en que yacíamos tumbados al sol luego de nadar solos toda la mañana. detendría al tiempo en el preciso instante en que me pusiste sobre el calefactor de tu pieza mientras cocinabas algo para que entrara en calor (ya no sentía las manos, las puntas de los dedos del frío que tenía, pero nada de eso importaba  porque era insuperablemente feliz).

“guardé las fotos porque existen en un tiempo diferente a éste”

the last picture
the last picture

“el amarillo es el color de los finales”

diario sin fechas iv

esta tarde fría canto por centésima vez

una balada turca cuya melodía ya conozco de memoria,

canto como quien reza con innegable fe,

como quien estira la mano tratando de cruzar el atlántico enterito y pienso,

pienso en tu cansancio, en que esperas tu tren pasando la medianoche,

en que has escrito besitos en tu último mensaje, así, en mi idioma,

no en el tuyo, no en el crudo inglés que usamos para comunicarnos

ni la lengua que has adoptado en esa segunda patria tuya

sino en el mío…

pienso

canto

río

siento

escribo