diario sin fechas viii

[1] ojalá hubiera puesto más atención cuando nos conocimos

 

[2] hoy se trata de volver a empezar. algo. lo que sea. sólo recomenzar, como hábito de primavera, por simple instinto.

 

[3] olvidé ponerle agua a las plantas porque  traigo demasiados fragmentos de recuerdos entre manos. pedacitos de historias, ganas de algo (¿de volver? ¿concluir?), y una despedida que se va extendiendo más allá de lo debido.

 

 

diario sin fechas iv

esta tarde fría canto por centésima vez

una balada turca cuya melodía ya conozco de memoria,

canto como quien reza con innegable fe,

como quien estira la mano tratando de cruzar el atlántico enterito y pienso,

pienso en tu cansancio, en que esperas tu tren pasando la medianoche,

en que has escrito besitos en tu último mensaje, así, en mi idioma,

no en el tuyo, no en el crudo inglés que usamos para comunicarnos

ni la lengua que has adoptado en esa segunda patria tuya

sino en el mío…

pienso

canto

río

siento

escribo

2:11 a.m.

dos once a.m.,
méxico d.f.
las sirenas
el ruido de periférico
una ciudad biónica
que nunca cesa

nueve doce a.m.,
potsdam
das tu segunda clase
del día

de alguna

forma

ya

es miércoles

me das los buenos días

el peso del sueño
me vence
pero te sigo
narrando mi día
y te muestro fotos
de la ciudad nocturna
todita iluminada

un día más
se desdibuja
en el calendario
y tu extenuante disciplina
me motiva
a darlo todo

no me atrevo

a darle tiempo al

cansancio

no tengo derecho

no tengo ganas

de decir

estoy cansada

un día más

para demostrar

de qué estamos

hechos

palabras

…pero las palabras se cargan de sal y de sonidos
llegan a pesar tanto que un día nos matan
de memoria, de silencio,
qué le vamos a hacer,
si estamos más hechos de palabras que de huesos
y hablar nos cuesta todo…

Luz Helena Cordero

cualquiera diría que no haga caso, que sólo son palabras, que además son falsas. pero tus palabras me quebraron en pedacitos diminutos cuando creía estar alejándome por fin de la zona cero. lanzaste el boomerang de tus vocablos y me diste en el vientre.

·

me obsesionan las respuestas, los porqués. me desgasto intentando descifrarte, descifrarme. el gran fraude, el gran engaño, las piezas que no encajan.

los consejos de amigos y gente cercana: déjalo ir, no vale la pena.

y yo que no puedo explicarles que las palabras nos cuestan todo, que estoy más hecha de palabras que de huesos y que si no logro acomodar todas las piezas, armar la foto que lo explique todo, hallarle sentido a tus palabras, tendré que aceptar la derrota máxima: el caos, el azar, lo inexplicable, que mi vida está hecha de cosas que pasan sólo porque sí.

·

hace días te escribí un poemario lleno de textos ajenos.

mientras tanto tú comprabas joyería para alguien más, sonreías, bailabas entre los fragmentos y de cuando en cuando me tirabas una mirada como si fuera limosna, un abrazo como si fuera un poco de pan a quien muere de hambre, una morona de ti mismo.  espero hayas tirado ese poemario a la basura, como yo tiré los recuerdos que dejaste en el apartamento.

·

poco a poco veré la imagen completa. si no hallo la respuesta, la inventaré. o perderé la batalla y aceptaré que simplemente hay cosas que ocurren porque sí y que tú fuiste una de ellas.

sin fecha i

hoy debería concentrarme por completo en otras cosas, en los deberes atrasados (que son demasiados) por ejemplo.

lo cierto es que soñé contigo y no puedo. quisiera hablarte como en el sueño. picarte el costado, eso que te molestaba tanto y yo repetía como insinuación de la broma, como para sacarte una sonrisa o algo.

y en el sueño quería decirte ‘qué gusto que ya podemos olvidarnos de todo lo que pasó y estás de vuelta’ y abrazarnos e irnos de vacaciones de nuevo, la familia entera, juntos.

no quería mencionar el pasado, no fuera a ser que a la menor provocación el sueño se volviera pesadilla y el pasado se develara como el inexorable presente que es y despertara. reíamos.

¿por qué tuvo que ser así?

¿por qué nos dejaste así, hermano?

si tan sólo vieras a mi madre. te evita en cada conversación. pero se ve cómo vives en su mirada extraviada cuando callamos por un segundo y ahí apareces, en medio de cada silencio, en todas las conversaciones, en nuestras pausas y en la mirada perdida de todos.

te evitamos porque nos dejaste desgastados y heridos. nos cansaste el corazón tanto y tan profundamente que ya nadie podía seguir batallando.

yo repito que estás bien. todo está bien.

pero no le digo a nadie que te sueño, que te extraño y que te busco desesperadamente sin saber por dónde empezar. sin saber dónde hallarte ni cómo hablar contigo.

y ahorita lloro un poquito, porque no está bien molestar a nadie con mi sueño de esta mañana y porque debería concentrarme en otras cosas, los deberes atrasados -que son muchos.

poco a poco el enojo se descongela y va cayéndose, como la pintura de las paredes centenarias de la casa de la infancia, descarapelándose por la humedad de llanto y el arena, dando paso a la tristeza profunda, a una minimizada desesperación que se hace bolita y se nos anuda en la garganta cuando decimos tu nombre -como por error – a la nostalgia por un pasado que pintaba muy bien y que torciste para ponérnoslo en la cara a todos.

si tan sólo supiéramos de ti.

Robert Doisneau
{nostalgia}

pequeñas cosas

nuestra vida está hecha de innumerables cosas, algunas pequeñas, otras no tanto. tu vida y la mía, juntos se construye con tu ternura desmesurada, con mi frialdad fingida, con mis recuerdos atesorados y tu silencio comprensivo. nos constituimos día a día, con cada amanecer en nuestra alcoba. con cada desayuno improvisado, con pequeñas discusiones (sería una mentira decir que nunca las hay, aunque casi siempre sean mínimas y tú cedas porque eres mejor que yo y me amas mucho más), con canciones bobas que inventamos, rutinas, paseos con el perro, pláticas de sobremesa.

nuestra vida son el frutero de la mesa del comedor, olvidar regar las plantas, lavar los trastes, tu infinito amor, mi infinita confusión, son seis años y medio, son películas con palomitas de cacerola, que me calientes los pies eternamente fríos, mi lado de la cama, tu lado de la cama, el gato, las fotos, las fresas del tianguis.

nuestra vida juntos es mucho, hecha de pequeñas cosas. tus besos en mi frente, mis manos frías en tu costado, por debajo de la pijama, las plumas que se salen de la almohada a veces.

sábados de sol, flores y fruta del tianguis. lunes de las buenas intenciones. jueves de no circula. tu mamá de visita. la mía que vive lejos. tu papá tan callado siempre. el mío, muerto. tu hermano, tu media hermana (que no conoces aún).

mis hermanos.

mi hermano.

tú y  yo somos mundo, a veces. a veces, no lo sé. pero respiro aliviada porque tú siempre sabes, tú siempre estás seguro de qué somos, de cómo y de dónde.

anoche

lo dijo por primera vez, dijo ‘cásate conmigo’, hablábamos durante la cena, informal, viendo tele, reímos, una broma o algo, no lo mencionamos más.

lo cierto es que no sé si signifique algo para mi y justo por ello a veces siento que diría que no, como por respeto. otras, diría que sí, porque da igual, al fin y al cabo. la mayoría sólo río y cambiamos de canal.