la suma de pequeñas cosas

· a mi hermano menor me unen esas madrugadas viendo películas extranjeras, ambos en silencio, en la sala (que en ese tiempo era su recámara, porque había demasiados huéspedes en casa), las frías madrugadas de xalapa

· a mi otro hermano, supongo que las lágrimas de esa noche en mi estudio, cuando me explicó por qué deseaba irse

· a mi tío me unen sus libros, el aroma de tabaco, sus dedos redondeados, sus manos grandes

· a mi madre, me une 1994, ser su apoyo cuando no tenía nada más, la constante lucha, otramamá

 

otramamá

veníamos de vuelta a casa, regresábamos al sur y pasamos por donde estás ahora.

anochecía y era grata la sensación de retornar al hogar.

pensé que conforme oscurecía, debías sentir frío ahí donde te dejamos.

nosotros llegaríamos a la casa, a dormir con una luz encendida en el pasillo; ahí donde tú estás no habría luz ni habría beso de buenas noches ni calor de hogar y dormirías con las luces apagadas, en la diminuta caja donde te dejamos, en esos pasillos de mármol con letras doradas y flores marchitas.

sentí deseos de bajarme del auto, ir a darte un beso de buenas noches, leerte algo, abrazarte como lo hacías tú conmigo cuando era pequeña.

debes tener frío, otramamá, ahí donde te dejamos. debes sentirte sola, ahí encerrada.

buenas noches, otramamá.

buenas noches.

sin fecha i

hoy debería concentrarme por completo en otras cosas, en los deberes atrasados (que son demasiados) por ejemplo.

lo cierto es que soñé contigo y no puedo. quisiera hablarte como en el sueño. picarte el costado, eso que te molestaba tanto y yo repetía como insinuación de la broma, como para sacarte una sonrisa o algo.

y en el sueño quería decirte ‘qué gusto que ya podemos olvidarnos de todo lo que pasó y estás de vuelta’ y abrazarnos e irnos de vacaciones de nuevo, la familia entera, juntos.

no quería mencionar el pasado, no fuera a ser que a la menor provocación el sueño se volviera pesadilla y el pasado se develara como el inexorable presente que es y despertara. reíamos.

¿por qué tuvo que ser así?

¿por qué nos dejaste así, hermano?

si tan sólo vieras a mi madre. te evita en cada conversación. pero se ve cómo vives en su mirada extraviada cuando callamos por un segundo y ahí apareces, en medio de cada silencio, en todas las conversaciones, en nuestras pausas y en la mirada perdida de todos.

te evitamos porque nos dejaste desgastados y heridos. nos cansaste el corazón tanto y tan profundamente que ya nadie podía seguir batallando.

yo repito que estás bien. todo está bien.

pero no le digo a nadie que te sueño, que te extraño y que te busco desesperadamente sin saber por dónde empezar. sin saber dónde hallarte ni cómo hablar contigo.

y ahorita lloro un poquito, porque no está bien molestar a nadie con mi sueño de esta mañana y porque debería concentrarme en otras cosas, los deberes atrasados -que son muchos.

poco a poco el enojo se descongela y va cayéndose, como la pintura de las paredes centenarias de la casa de la infancia, descarapelándose por la humedad de llanto y el arena, dando paso a la tristeza profunda, a una minimizada desesperación que se hace bolita y se nos anuda en la garganta cuando decimos tu nombre -como por error – a la nostalgia por un pasado que pintaba muy bien y que torciste para ponérnoslo en la cara a todos.

si tan sólo supiéramos de ti.

Robert Doisneau
{nostalgia}

su ausencia

te imagino, en pijama, bebes un té, hace calor. te imagino como una de esas damas inglesas que se mudaban en medio de la selva al lado de sus maridos, los conquistadores de las indias o el áfrica más húmeda y exhuberante.

prendes la tetera, el agua hierve, estás sola en tu casa nueva.

no hay marido conquistador. tú eres el conquistador en esa salvaje tierra de mosquitos y vegetación que todo lo cubre. los muebles, sábanas blancas ¿dónde está ese platón de cerámica que quieres usar? tantas cajas, la mudanza, cosas empacadas aún, la tetera silba.

pero no estás del todo sola, mamá. te acompaña su ausencia. eduardo. siempre a tu lado. su recuerdo o algo. su ausencia. sin noticias suyas desde hace tanto tiempo. yo te digo está bien, mira, hay fotos suyas de él y se ve contento. pero ahora estás ahí y yo no estoy a tu lado. su ausencia pesa más que el bochorno del pantano, más que el vapor del mangle que todo lo impregna allá donde has ido a vivir, a conquistar.

música de bach, porque es el único compacto que has hallado entre tantas cajas  de mudanza.

quisiera decirte que está bien. que volverá, que escribirá, que iría a por él de ser preciso, para llevártelo a tu nueva casa, para que no estés ahí encerrada, entre mosquiteros y cajas de mudanza pensando en él a toda hora, mientras bebes té a media noche, antes de dormir, a la hora de comer, en ese nuevo sitio donde ahora estás.

eduardo se fue, mamá

eduardo navega solo. eduardo está solo. eduardo es un niño pequeño que no ha aprendido a no chuparse el dedo. eduardo usa un oberol de pana verde. eduardo y sus ojos castaños enormes. eduardo y sus rizos revueltos. eduardo.

eduardo se fue, mamá. eduardo se fue.

eduardo es pequeño. eduardo es un alma muy grande. nadie lo pudo contener jamás, ni siquiera con todos los regaños del mundo, ni siquiera con sus brazos enormes que querían sostener el mundo.

eduardo camina y se aleja. eduardo no sabe a dónde va ni qué es lo que quiere.

aromas, sonidos, recuerdos. el recetario de la abuela que despreció.

¿qué se llevó entonces, consigo, cuando partió si desdeñó los abrazos maternos y los consejos fraternales? ¿quién lo cuida ahora?

¿quién te protege a ti, mamá, de él?