shanghái i

son sólo veinticuatro horas de vuelo, escala en los ángeles. las escalas antes lo eran todo. te mueves como pieza de ajedrez y contigo, rediriges  mi brújula. igual que la tv tower en berlin o la torre en la madrasa de cababey en kırşehir, ahora las enormes torres del horizonte en shangai serán hacia donde apunte mi norte.

shangai-jr

 

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sin fecha i

hoy debería concentrarme por completo en otras cosas, en los deberes atrasados (que son demasiados) por ejemplo.

lo cierto es que soñé contigo y no puedo. quisiera hablarte como en el sueño. picarte el costado, eso que te molestaba tanto y yo repetía como insinuación de la broma, como para sacarte una sonrisa o algo.

y en el sueño quería decirte ‘qué gusto que ya podemos olvidarnos de todo lo que pasó y estás de vuelta’ y abrazarnos e irnos de vacaciones de nuevo, la familia entera, juntos.

no quería mencionar el pasado, no fuera a ser que a la menor provocación el sueño se volviera pesadilla y el pasado se develara como el inexorable presente que es y despertara. reíamos.

¿por qué tuvo que ser así?

¿por qué nos dejaste así, hermano?

si tan sólo vieras a mi madre. te evita en cada conversación. pero se ve cómo vives en su mirada extraviada cuando callamos por un segundo y ahí apareces, en medio de cada silencio, en todas las conversaciones, en nuestras pausas y en la mirada perdida de todos.

te evitamos porque nos dejaste desgastados y heridos. nos cansaste el corazón tanto y tan profundamente que ya nadie podía seguir batallando.

yo repito que estás bien. todo está bien.

pero no le digo a nadie que te sueño, que te extraño y que te busco desesperadamente sin saber por dónde empezar. sin saber dónde hallarte ni cómo hablar contigo.

y ahorita lloro un poquito, porque no está bien molestar a nadie con mi sueño de esta mañana y porque debería concentrarme en otras cosas, los deberes atrasados -que son muchos.

poco a poco el enojo se descongela y va cayéndose, como la pintura de las paredes centenarias de la casa de la infancia, descarapelándose por la humedad de llanto y el arena, dando paso a la tristeza profunda, a una minimizada desesperación que se hace bolita y se nos anuda en la garganta cuando decimos tu nombre -como por error – a la nostalgia por un pasado que pintaba muy bien y que torciste para ponérnoslo en la cara a todos.

si tan sólo supiéramos de ti.

Robert Doisneau
{nostalgia}