Momentum

Luego de varios años de una relación estable, Daniel había considerado terminarla aunque era una idea que sólo le rondaba por la cabeza, sin atreverse siquiera a pronunciarlo en sus pensamientos.

Quizá fuera sólo ese humor raro que tenían ambos hacía un tiempo, habían enfrentado situaciones extenuantes y se habían convencido de que era debido a esas circunstancias que se comportaban de esa manera. Tal vez era estrés.

Y sin embargo no era tan difícil imaginarse en escenarios en los que ambos estaban ya separados; ya no era una idea abominable ni exagerada, aunque no considerara explícitamente la opción de terminar. Después de todo ¿por qué terminar una relación que parecía perfecta? Nunca reñían, ella era muy cariñosa, se tenían confianza mutua, vivían juntos y se apoyaban ¿Qué hacía falta entonces? ¿Se puede tenerlo todo y sentir que falta algo? ¿Qué sería, en ese caso?

Se le había ocurrido todo esto como si lo estuviera narrando a alguien más. Se imaginaba que su relación perfecta había parecido así mientras les había durado el ímpetu con que empezaron, como si luego de los años no quedara más que una bonita simpatía, una amistad honesta, un cotidiano romance que -sin dejar de ser sincero- ya no se sentía como al principio.

¿Se puede basar una relación en algo tan intangible como el ímpetú? ¿Qué hay de todas las demás cosas maravillosas que él tenía en su relación (confianza, honestidad, respeto, cariño)?

Ni siquiera sabía si su metáfora tenía sentido.

Como fuera, nunca había estado en su naturaleza dejar ir las cosas (personas, recuerdos, objetos, relaciones, ideas) y ésta no iba a ser la excepción.

Seguiría con su relación maravillosa -carente de ímpetu- y pensando en esta clase de cosas. Quizá otros muchos años más, hasta que ‘algo’ pasara… lo que fuera.