sergio loo

*
Azar es un beso bien dado

en un lugar

en el lugar

y a la persona
más o menos

correcta.

*

Su cuerpo en un extremo y el mío en el otro de la cama,
tensos. Ojos en blanco. Manos tensas palpan
el cuadriculado silencio emergido
donde antes, apenas unos días,
pliegues de sábanas eran,
para nosotros,
laberinto amurallado
vuelto jardín.
Hace apenas pocos días que mi centauro cuerpo en el suyo no se pierde
porque
hace algunos días,
entre frases mal tiradas, puestas en jaque por sí, noté
el hilo de un extraño internado entre sus piernas.
Hace apenas unos días enrocados
entre el “Es tarde, hablamos luego”, que nuestras miradas
párvulas
avanzan
casilla
a
casilla,
esquivas
para no comerse.

Sobre blanca sábana, cada vez más breve,
atrincherados cuerpo a cuerpo en un lecho que clama guerra,
nos mantenemos quietos, con las miradas paralelas, rumbo al techo.
Cuidadosos,
porque cada palabra
son dieciséis piezas ennegrecidas contra el otro.

Quietos y cuidadosos, buscando la quinta torre para ahí guarecernos, buscando
el movimiento menos contundente.

*
Déjame pensar que esta vez no eres tú y no soy yo,
sino el embone de un engrane
de una maquinaria carnívora sin fin
y nada más.

sergio loo (abril 15, 1982- enero 28, 2014)

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Presencia

¿Qué va a quedar de mí cuando me muera
sino esta llave ilesa de agonía,
estas pocas palabras con que el día,
dejó cenizas de su sombra fiera?

¿Qué va a quedar de mí cuando me hiera
esa daga final? Acaso mía
será la noche fúnebre y vacía
que vuelva a ser de pronto primavera.

No quedará el trabajo, ni la pena
de creer y de amar. El tiempo abierto,
semejante a los mares y al desierto,

ha de borrar de la confusa arena
todo lo que me salva o encadena.
Más si alguien vive yo estaré despierto.

José Emilio Pachecho (1939-2013)

Memoria


No tomes muy en serio
lo que te dice la memoria.

A lo mejor no hubo esa tarde.
Quizá todo fue autoengaño.
La gran pasión
sólo existió en tu deseo.

Quién te dice que no te está contando ficciones
para alargar la prórroga del fin
y sugerir que todo esto
tuvo al menos algún sentido.

José Emilio Pachecho.

Los elementos de la noche


Bajo el mínimo imperio que el verno ha roído
se derrumban los días, la fe, las previsiones.
En el último valle la destrucción se sacia
en ciudades vencidas que la ceniza afrenta.

La lluvia extingue
el bosque iluminado por el relámpago.
La noche deja su veneno.
Las palabras se rompen contra el aire.

Nada se restituye, nada otorga
el verdor a los campos calcinados.

Ni el agua en su destierro
sucederá a la fuente
ni los huesos del águila
volverán por sus alas.

José Emilio Pacheco

La flecha

         No importa que la flecha no alcance el blanco
Mejor así
No capturar ninguna presa
No hacerle daño a nadie
pues lo importante
es el vuelo         la trayectoria          el impulso
el tramo de aire recorrido en su ascenso
la oscuridad que desaloja al clavarse
vibrante
en la extensión de la nada.

José Emilio Pacheco, descansa en paz.