marioneta

hacía mucho no soñaba.

esta mañana desperté sabiendo que

tú dormías al lado de ella

y supe que mis pesadillas eran del color

dorado de sus cabellos enredados en tu cuello.

 

 

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nota al margen xiv

[1] nunca había estado tan dividida como lo estoy ahora. caminar hacia adelante. de nuevo hacer una maleta pequeña y tomar un vuelo esperando que algo… esperando algo.

de verdad lo estoy intentando aquí y ahora.

al mismo tiempo me despido en cada instante, sin decirlo abiertamente.

***

[2] redactar números, reportar resultados, explicar  lo que el ojo no ve, hacerlo más claro, desviar a atención hacia lo importante. el talento que no tengo.

***

[3]  tanto tiempo preparé este encuentro, tanto tiempo pensé en el instante en que volveríamos a vernos.

y no quiero admitirlo, porque todos esos planes soñados se escaparían como pájaros de sus jaulas…

lo cierto es que no sé si sea la misma persona que cuando todo comenzó. no sé quién sea en realidad. ya no lo sé.

***

[4] sigues siendo aquello que busco como meta, como el hogar definitivo, como el destino prometido.

 

sueños

me gustan los perros

cuando duermen

porque

en sus sueños

corren

persiguen

olfatean

pero nunca

caen de precipicios (infinitos)

ni descubren

deseos subconscientes

enterrados

muy profundamente

·

mucho menos

presagian

ni muerte ni

enfermedad ni

fortuna

·

me gustan los perros

cuando duermen

y disfrutan

el más pacífico

de los sueños

.

Insomnio

Música precámbrica.
Insomnio: desierto?
Desierto como hielos perpetuos?
No, porque en los hielos perpetuos nada florece, nada hay, nada puede crecer ahí y el insomnio es desierto cubierto de cosas…
desierto como era Cretácica,
desierto de compañía humana,
desierto poblado de exuberantes habitantes,
mayúsculas ensoñaciones, bizarras apariciones…

El insomnio paralelo de cada uno,
personal y aislado.
Todos viajando en insomnios paralelos.
Líneas que se acompañan pero nunca se tocan.
Geodésicas de insomnio.

sin fecha i

hoy debería concentrarme por completo en otras cosas, en los deberes atrasados (que son demasiados) por ejemplo.

lo cierto es que soñé contigo y no puedo. quisiera hablarte como en el sueño. picarte el costado, eso que te molestaba tanto y yo repetía como insinuación de la broma, como para sacarte una sonrisa o algo.

y en el sueño quería decirte ‘qué gusto que ya podemos olvidarnos de todo lo que pasó y estás de vuelta’ y abrazarnos e irnos de vacaciones de nuevo, la familia entera, juntos.

no quería mencionar el pasado, no fuera a ser que a la menor provocación el sueño se volviera pesadilla y el pasado se develara como el inexorable presente que es y despertara. reíamos.

¿por qué tuvo que ser así?

¿por qué nos dejaste así, hermano?

si tan sólo vieras a mi madre. te evita en cada conversación. pero se ve cómo vives en su mirada extraviada cuando callamos por un segundo y ahí apareces, en medio de cada silencio, en todas las conversaciones, en nuestras pausas y en la mirada perdida de todos.

te evitamos porque nos dejaste desgastados y heridos. nos cansaste el corazón tanto y tan profundamente que ya nadie podía seguir batallando.

yo repito que estás bien. todo está bien.

pero no le digo a nadie que te sueño, que te extraño y que te busco desesperadamente sin saber por dónde empezar. sin saber dónde hallarte ni cómo hablar contigo.

y ahorita lloro un poquito, porque no está bien molestar a nadie con mi sueño de esta mañana y porque debería concentrarme en otras cosas, los deberes atrasados -que son muchos.

poco a poco el enojo se descongela y va cayéndose, como la pintura de las paredes centenarias de la casa de la infancia, descarapelándose por la humedad de llanto y el arena, dando paso a la tristeza profunda, a una minimizada desesperación que se hace bolita y se nos anuda en la garganta cuando decimos tu nombre -como por error – a la nostalgia por un pasado que pintaba muy bien y que torciste para ponérnoslo en la cara a todos.

si tan sólo supiéramos de ti.

Robert Doisneau
{nostalgia}

Ensoleillé

Yo sería una mujer de esas con pequeños pechos, el cabello corto, sin ningún maquillaje ni añadidura. Nos mudaríamos a alguna provincia en Francia e invertiríamos nuestros ahorros en un pequeño viñedo a orillas del despoblado. Solos tú y yo. Y tendríamos un par de caballos para recorrer el lugar, una casa modesta, antigua, impecable, madera y mucho blanco, mucha luz.
Cultivaríamos la vid, añejaríamos el vino, lo beberíamos a la hora de comer. Me buscarías al amanecer entre los viñedos, entre las sombras que huyen de los largos brazos del sol matutino, daríamos largos paseos en silencio, tus brazos alrededor de mi cintura.
Y tendríamos una habitación con un secrétaire y haríamos cartas en él, pero también poesía y el amor en su piso desnudo y cálido.
Yo tomaría lecciones de chelo en la habitación contigua y me verías practicar en algunas horas inoportunas, y nos amaríamos en silencio con esa felicidad que se explica sola.
Besarías mi cuello para recordarte a ti mismo, para contármelo a mi,quién eresquién soy, descubrirías una y otra vez cada lunar en mi, debajo de las camisas blancas de algodón, debajo de la piel misma. Le pondrías tu nombre al más bonito y luego lo volverías a encontrar, como si se te hubiese extraviado de repente.
Si volviera a nacer, volvería a buscarte, tal vez cometiese los mismos errores, probablemente serían otros, tal vez fuesen más; pero volvería a estar entre tus brazos con la sonrisa limpia y la mirada tranquila de saberme tuya y de nadie más.